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Un modelo con treinta principios no es un modelo
Si tus jugadores no pueden recitarlo perdiendo 3–2 con ocho minutos por delante, es un documento, no un modelo.
Me han pasado modelos de juego de club de cuarenta páginas. Suelen ser documentos excelentes. Nunca son modelos, porque un modelo no es la descripción de cómo te gustaría jugar: es el conjunto de cosas que un chaval de diecisiete años cansado sigue haciendo cuando el partido va mal y nadie le está diciendo nada.
Tres principios y nueve subprincipios no es un límite al que llegué por elegancia. Es más o menos lo que sostiene un grupo de jugadores, y sostenerlo es la única prueba que cuenta. Todo lo que va más allá vive en los planes de sesión, que es donde corresponde, y se entrena de uno en uno.
La prueba práctica: para el entrenamiento un jueves, coge a tres jugadores al azar y pregúntales qué hace el equipo cuando el rival juega hacia atrás. Si te dan tres respuestas distintas, tu problema no es el número de principios: es que no ha llegado ninguno.
Textos
Por qué tu rondo no enseña nada
Un rondo sin dirección entrena una habilidad que el juego no pide nunca. Aquí está la versión que sí, y la única línea que hay que añadir.
Habla menos en los primeros cuatro minutos
La mejora más fiable que tiene a mano casi cualquier entrenador que veo, y no cuesta nada salvo la incomodidad de quedarse quieto.