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El único número que de verdad nos importa
Dos de cada tres de nuestros chavales seguían jugando al fútbol en algún sitio a los dieciocho. Esa es toda la ambición.
En catorce años, un chaval que pasó por aquí firmó un contrato profesional. Él mismo te diría que nosotros éramos cuatro de las once horas semanales que hacía a los quince, y sería deshonesto por nuestra parte poner su foto en la portada y dejar que traces una línea entre él y tu propio hijo.
El número que sí ponemos en la portada es que alrededor de dos tercios de los que terminaron aquí a los dieciséis seguían jugando al fútbol en algún sitio a los dieciocho: un club, un equipo universitario, un partido los miércoles. Eso sí es algo sobre lo que una escuela puede influir, y es bastante mejor resultado de lo que parece: lo normal en el fútbol base es que los niños lo dejen, casi siempre entre los trece y los quince, y muy a menudo porque dejó de ser divertido.
Si tu hijo resulta ser excepcional, no vas a necesitar que te lo digamos nosotros y un club lo encontrará entrene donde entrene los martes. Todo lo que hacemos apunta al resultado mucho más probable y mucho más útil, que es que a los veinticinco siga jugando.
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