Ser honestos
Dónde acaban de verdad nuestros chavales, y por qué no seleccionamos a niños de ocho años.
Los padres de niños que juegan al fútbol están rodeados de gente vendiéndoles un camino. Nosotros no somos eso, y aquí están las pruebas, publicadas en lugar de mencionadas.
Un contrato profesional en catorce años, y él mismo te diría que nosotros éramos cuatro de las once horas semanales que hacía. El número que de verdad nos importa es el primero: dos de cada tres seguían jugando al fútbol en algún sitio a los dieciocho.
Los nacidos en enero no son mejores jugando al fútbol. Son hasta once meses mayores que los nacidos en diciembre, lo que a los nueve años es una ventaja física enorme y se parece muchísimo al talento visto durante una hora.
Qué hacemos nosotros con esto
Hacemos los grupos por tamaño tantas veces como por fecha de nacimiento, los entrenadores saben el mes de nacimiento de cada niño antes de la sesión y no después, y no seleccionamos a nadie para nada antes de los trece. No arregla el problema — ninguna escuela de fútbol lo arregla — pero evita que seamos parte de él.
Qué no hacemos
- No hacemos pruebas por debajo de trece añosNo hay nada que seleccionar. Una prueba a los ocho mide quién creció antes, y a cada niño al que le dijeron que no daba el nivel a los ocho le dijeron algo falso.
- No usamos la palabra talentoNi en las sesiones, ni con los padres, ni en un mensaje. Es una descripción del pasado disfrazada de predicción.
- No os ponemos en contacto con agentesNadie que represente jugadores tiene nada que hacer con un chaval de quince años en una escuela de fútbol, y si alguno os contacta a través de nosotros os lo diré y será la última vez que lo haga.
- Te lo diremos con cariño, si lo preguntasSi tu hijo tiene pinta de llegar a jugar a un nivel que lleve a algún sitio. Casi ningún padre lo pregunta ni lo necesita. Quien lo pregunta recibe una respuesta honesta y no una esperanzada, en privado, y la cuota no cambia en ninguno de los dos casos.
Textos
Qué mirar al elegir una escuela de fútbol
Seis preguntas que merece la pena hacer, incluidas las dos que casi ninguna escuela se espera.
Por qué no hacemos pruebas a los ocho años
Una prueba a esa edad mide quién creció antes, y a cada niño al que le dijeron que no daba el nivel le dijeron algo falso.
El único número que de verdad nos importa
Dos de cada tres de nuestros chavales seguían jugando al fútbol en algún sitio a los dieciocho. Esa es toda la ambición.