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No hace falta estar en crisis para pedir cita
La frase más repetida en una primera sesión es que estuvieron a punto de no venir porque no les parecía lo bastante grave como para merecerlo.
La gente espera años. No por el precio, y en realidad tampoco por el estigma: porque pedir cita significa explicarlo, y explicarlo significa decir en voz alta que algo va mal, y casi todos los deportistas llevan una década siendo premiados por no decir eso.
Así que esperan a que sea lo bastante grave como para justificar la llamada, y entonces la primera sesión ocurre en el peor momento posible: a mitad de temporada y normalmente después de que algo haya salido mal en público. Casi todo lo que trabajo es bastante más fácil en octubre que en abril.
No hay un umbral. No hace falta que sepas ponerle nombre — diecisiete de las últimas cien primeras sesiones no sabían — y no tienes que justificármelo antes de venir. Una línea basta, y la línea puede ser «no lo sé muy bien».
Pedir una primera sesión
Con una línea basta. No tienes que explicar por qué antes.
El penalti no está donde crees
Se decide en la carrera, no en el golpeo. Casi todo lo entrenable de un penalti ocurre antes de colocar el balón.
Tu jugador no es frágil. Puede que lo frágil sea tu entorno.
Para entrenadores. Parte de lo que me llega como problema de cabeza es un problema de entrenamiento, y lo voy a decir.